Intervención sobre una escultura novohispana única conocida en la Comunitat Valenciana
Arrastra el divisor sobre cada imagen para comparar el estado inicial y el resultado final de la restauración.
La escultura del Cristo de la Vida es una joya patrimonial prácticamente desconocida hasta la fecha, única obra conocida de estas características en la Comunitat Valenciana. Se trata de una imagen de tamaño natural elaborada con técnica novohispana de caña de maíz, procedente de los talleres de la región de Michoacán (México) a principios del siglo XVII.
Su singularidad reside no solo en la rareza de la técnica constructiva, sino también en el extraordinario estado de conservación de sus materiales originales y en los hallazgos científicos que deparó su estudio previo a la restauración.
La intervención, realizada entre 2022 y 2024 por el equipo del IVCR+i, ha devuelto a la escultura un estado de conservación óptimo, recuperando la policromía original y consolidando su frágil estructura interna de fibras vegetales.
| Título | Cristo de la Vida |
| Autor | Taller anónimo de Nueva España, México |
| Época | Principios s. XVII |
| Técnica | Escultura ligera de caña de maíz |
| Dimensiones | 190 × 131 cm |
| Peso | 6.600 gr |
| Procedencia | México |
| Propiedad | Parroquia de Nuestra Señora de Belén de Crevillent, Alicante |
| Intervención | IVCR+i · 2022–2024 |
| Equipo | Viqui Quiroga y Rosa María Román |
Esta peculiar imagen de Cristo crucificado es una joya patrimonial prácticamente desconocida hasta la fecha, la única obra conocida de estas características en la Comunitat Valenciana.
Se trata de una imagen de Cristo crucificado con tres clavos, representado en el momento de la expiración: cabeza inclinada hacia el lado derecho, boca ligeramente entreabierta y ojos casi cerrados. La singularidad de esta imagen no reside en la belleza de su talla, sino en su extraordinario peso de tan solo 6 kilogramos para una escultura de tamaño natural, lo que revela una técnica constructiva inusual en estas tierras.
Los estudios previos a la restauración confirmaron que la escultura está fabricada con cañas de maíz, técnica propia de artistas novohispanos de la región de Michoacán (México), donde los indios purépechas —llamados tarascos por los españoles— se especializaron en este tipo de esculturas a finales del s. XVI y principios del XVII. Esta técnica surge del mestizaje entre las tradiciones escultóricas mesoamericanas y las europeas llegadas con la evangelización.
La mayoría de estas imágenes se conservan en Hispanoamérica. En España se conocen algo más de una veintena: el Cristo de la Vera Cruz de Chiclana, el de Lequeitio, el Cristo de Zacatecas en Montilla o el de Lerma en Burgos. La pieza de Crevillent se suma ahora a este selecto grupo, siendo la única documentada en la Comunitat Valenciana.
Según la tradición oral, la imagen fue donada en 1939 por el canónigo D. Juan Martínez García, natural de Crevillent, para sustituir obras destruidas en el saqueo de 1936. Sin embargo, al llegar ese mismo año el Cristo de la Victoria encargado a Carles Flotats, la pieza novohispana quedó retirada del culto y depositada en las dependencias parroquiales, donde permaneció prácticamente desconocida hasta el inicio de los trabajos de restauración.
Los pueblos indígenas mesoamericanos llevaban imágenes de sus dioses a las batallas como talismán. Para poder retirarlas al ser derrotados sin que cayeran en manos enemigas, comenzaron a elaborarlas con materiales ligeros como la caña de maíz. Los evangelizadores españoles adoptaron esta técnica en el s. XVI para fabricar imágenes religiosas de manera rápida, económica y eficaz.
Un taller anónimo novohispano crea el Cristo crucificado usando técnica de caña de maíz, tradición de los artesanos purépechas de Michoacán bajo influencia de los evangelizadores españoles.
OrigenLa imagen viaja desde México hasta España, probablemente por encargo de un comitente español residente en las Indias que la dona a su comunidad de origen como símbolo de estatus y devoción.
TravesíaLa iglesia de Nuestra Señora de Belén de Crevillent es saqueada e incendiada, perdiéndose gran parte de su imaginería procesional, incluido el original Cristo de la Victoria.
ConflictoEl canónigo D. Juan Martínez García, natural de Crevillent, dona el Cristo novohispano para sustituir las imágenes destruidas. La escultura recibe culto brevemente entre 1939 y 1941.
DonaciónLa llegada del nuevo Cristo de la Victoria, encargado al escultor Carles Flotats, desplaza a la imagen novohispana, que queda depositada en las dependencias parroquiales durante décadas.
OcultamientoEl IVCR+i inicia los estudios científicos previos: radiografía, tomografía computarizada, escaneado 3D y análisis de materiales, que revelan la técnica constructiva y el extraordinario hallazgo de las uñas humanas datadas en 1450.
RestauraciónEliminación de cinco repolicromías, consolidación estructural, reintegración matérica con masilla de caña de maíz, reintegración pictórica por regatino y barnizado final con protector UV. La escultura recupera su policromía original.
RestauraciónTras la restauración de la imagen se procedió a su bendición bajo la nueva advocación de Cristo de la Vida.
RegresoEl estado de conservación de la escultura era pésimo, resultado de siglos de intervenciones acumuladas, mala manipulación y almacenaje inadecuado.
A lo largo de la superficie del Cristo se visualizaron fracturas en la inserción de los brazos con el torso y en la zona inferior de las rodillas. Se detectaron hundimientos en la superficie, sobre todo en las extremidades inferiores, así como pérdidas de soporte matérico de diversas dimensiones. Un gran orificio en el hombro derecho, causado probablemente por un golpe, permitió descubrir por primera vez la estructura interna de fibras vegetales.
Faltaban seis dedos originales (cuatro en la mano izquierda, dos en la derecha), sustituidos en alguna intervención anterior por talla de madera de pino. Se detectó también un ataque generalizado de insectos xilófagos por toda la superficie, con especial incidencia en la zona de la cabeza.
La última repolicromía, posiblemente del s. XIX-XX, cubría toda la superficie con una gruesa capa de suciedad y barnices heterogéneos de pésima calidad. El estudio estratigráfico reveló la existencia de hasta 19 estratos distintos, correspondientes a cinco repolicromías sucesivas que ocultaban la policromía original.
El estudio científico previo a la intervención combinó técnicas de análisis globales sin toma de muestra con análisis de materiales en laboratorio, revelando datos de extraordinario valor patrimonial.
Durante el proceso de limpieza de pies y manos se descubrieron siete uñas que, a priori, parecían realizadas con material orgánico. El análisis mediante espectrometría de infrarrojos por transformada de Fourier (FTIR-ATR) reveló una composición idéntica a la de las uñas humanas, con picos de absorción característicos de proteínas. La posterior datación por radiocarbono (C-14) situó su origen en torno al año 1450 d.C., dato extraordinario al no coincidir con la elaboración de la escultura en el s. XVII, y que plantea interesantes interrogantes sobre su procedencia.
La intervención se desarrolló en fases sucesivas siguiendo criterios de mínima intervención, reversibilidad y distinguibilidad, de acuerdo con los criterios internacionales del ICOM-CC y el ECCO.
Se decidió retirar todos los repintes hasta llegar a la sexta y séptima capas (sangre y policromía), las más contemporáneas al original, que conservaban entre el 85–90% de la pintura. El trabajo se realizó de forma mecánica, mediante bisturí y en seco.
El gran orificio en el hombro derecho se rellenó con masilla de caña de maíz e hidroxipropilcelulosa, y como refuerzo estructural interior se utilizó caña común seca.
Una vez estucadas todas las pérdidas se rebajaron y nivelaron preparándolas para la reintegración pictórica.
La reintegración se realizó en dos fases: primera con colores al agua y segunda con colores al barniz. El criterio empleado fue el regatino, para distinguir claramente las intervenciones modernas de la policromía original.
Todos los trabajos se han realizado respetando los principios de mínima intervención, reversibilidad y distinguibilidad, de acuerdo con los criterios internacionales del ICOM-CC y el ECCO. La masilla desarrollada específicamente para esta intervención —a base de caña de maíz con hidroxipropilcelulosa— garantiza la compatibilidad con el material original.
La intervención fue llevada a cabo por el equipo multidisciplinar del IVCR+i, formado por restauradores, historiadores del arte y científicos especializados.